La Nochevieja y la resaca social

¡Qué maravilla la Nochevieja! La última fiesta del año y la primera del siguiente. El evento en el que te lo tienes que pasar bien por decreto ley o corres el riesgo de que te lluevan las etiquetas: «el rarito», «la muerma». Porque claro, el problema no es la fiesta, eres tú que no te adaptas.

Pero empecemos por el principio. Esos días previos con el grupo de whatsapp tirando humo, planes everywhere a cada cual más loco: alquilamos un local, nos vamos a una casa rural, pillamos entradas para la disco de moda, nos hacemos con un vuelo barato y vemos las campanadas en Berlín… Y tú ahí, pensando «si de normal a las dos horas estoy de vosotros hasta el toto, como para aguantaros dos días».

A ver, que no es que no quieras ir de nochevieja con tus amigos/as, de hecho seguro que te apetece picar algo con ellos, tomarte dos copas y disfrutar un rato de la música; es que ya sabes cómo acaba la cosa cuando se alarga más de lo normal:

  • El que va ciego como un piojo.
  • La que se te pone a hablar a medio centímetro de la oreja porque con la música no se oye nada.
  • Los que no paran de animarte a que te marques un baile con ellos, que en su cabeza se están viendo como Dua Lipa y Bruno Mars pero que a la tuya solo viene el número 112 por si tienes que llamar y que se lleven a los epilépticos.

Está claro que tú tienes un reloj interno que los demás no tienen, uno que te marca la hora de decir «basta» y que si los demás también lo tuvieran o entendieran el tuyo, cuando les dijeras «me lo he pasado muy bien pero es hora de irme» no te vinieran con el «¿¿¿Yaaaaa???«, o con el «¡Pero si esto acaba de empezar!«, o lo que es peor, que no te digan nada pero se queden pensando que no sabes divertirte.

Pues oye, a lo mejor les tienes que dar uno de esos relojes, pero no para que sepan su hora sino la tuya, y que la respeten. Uno que cuando llegue la hora no haga «riiing» sino que diga «Me piro, podéis empezar la fiesta». O mejor aún: «Tú con resaca de alcohol y yo con resaca social».

La buena noticia: que puedes tener algo parecido. Llámalo reloj, llámalo escudo o llámalo como quieras. Yo lo llamo camiseta, que ya habla por ti para que no des explicaciones.

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Bien (supongo)
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