Ojalá pudiéramos ladrarle a alguien con quien nos vamos a cruzar pero no tenemos ganas de hablarle, o pegar un buen ladrido a alguien que nos pregunta «¿Qué tal estás?» en un mal momento…
Claro, sería un poco raro… Podríamos acabar con una camisa de fuerza, o en la perrera municipal.
Por suerte, nuestra camiseta puede ladrar por ti:


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