Laura es un poco como yo.
Una persona curiosa, con ganas de saber de casi todo: ciencia, historia, música, cine, tecnología… La clásica «aprendiz de todo y maestro de nada». Sabe que no es ningún cerebrito pero tampoco cree que sea un zote…
Hasta aquí todo bien, salvo un detalle importante: siempre ha tenido una gran inseguridad y falta de autoestima.
Eso sí, Laura tiene amigos que le dicen «Tía, pero si tú eres una crack» en esto y en lo otro; pero ella les ignora y piensa que se lo dicen por quedar bien o porque le quieren demasiado (y a esto volveré después).
A ver, esto no es algo que te levantas un día y piensas «vaya, qué baja autoconfianza tengo«. Tampoco creo que sea algo que venga de nacimiento. Al menos ella no recuerda que en el instituto o en la carrera tuviera la inseguridad que más adelante le acompañó en su vida laboral. Posiblemente fue en el momento en que empezó a trabajar cuando vio que sus compañeros de trabajo sabían más que ella (corrección: sabían cosas distintas, no más que ella). Y ahí empezaría a compararse y entraría en la espiral.
Vuelvo al punto que antes dejé en suspenso. Decía los buenos amigos que tiene y lo mucho que le quieren; y quizá es precisamente porque le quieren que le dicen la verdad y no algo para quedar bien. Ellos piensan que Laura solo necesita un pequeño «empujón» para darse cuenta de lo que vale.
A lo mejor a Laura le funciona ese «empujón». A mí, desde luego, no me ha funcionado nunca. A mí las frases del tipo «Mr. Wonderful» me entran por un oído y me salen por el otro. Ojalá fuera tan fácil.
A mí lo que me funciona es vivir con ello y aún así seguir con lo mío. O por decirlo de otra forma, es como desdoblarme en dos: el que cree que no es capaz de hacer algo, y el que lo va a hacer de todas formas porque es lo que toca. Venga, y una tercera forma de decirlo: que cada vez me importe menos si lo hago bien o no (siempre y cuando haga las cosas honestamente, claro).
Me pongo mi escudo, y tiro p’alante.
Y mi escudo es pensar en algo gracioso sobre la situación que esté viviendo. Que tengo que hablar en público (aunque me apetezca menos que una paella con piña)… pues me preparo alguna chorrada y la suelto. Que tengo que presentar un trabajo súper serio… pues le pongo un título tipo «Excel_de_mierda_V1.0» y me pongo con ello (nota mental: cambiar el título antes de entregar…). Que tengo que regañar a mi hija… pienso en las típicas «frases de madre» y le suelto alguna («¿Tú te crees que el dinero cae del cielo?» o «En mi época teníamos más respeto» ) y evito reirme, claro. Solo por poder decir estas cosas, merece la pena el esfuerzo.
Si te identificas con esto, ya eres del club de «ponte tu escudo y arrea».
Si quieres, algún día te muestro algunos de mis escudos.