Mi perro tiene ansiedad social.
No tengo pruebas, pero tampoco dudas.
Eso, o su equivalente en el mundo perruno, si es que existe tal cosa.
A ver, te cuento. Es muy casero, pero también le gusta salir a la calle, aunque eso sí, la calle tiene que ser solo para él.
Porque es encontrarse con otro perro, y en lugar de hacer lo normal (olerse el culo y esas cosas), se pone histérico y al final me lo acabo llevando a otro lado.
Vamos, que no puede estar con otros congéneres. Así que como puedes ver, mi perro tiene un grave problema de socialización.
Bueno, el problema lo tenemos nosotros, a él no parece importarle.
Porque además él cuenta con una herramienta que nosotros no tenemos pero que nos gustaría tener para resolver esas situaciones de «estrés social» que de vez en cuando padecemos.
¿Que cuál es esa herramienta? LADRAR.
Piénsalo… Cuando te encuentras con alguien con el que no tienes ni puñetera gana de hablar o ni siquiera saludar, en lugar de intentar evitar el encuentro ¿No te gustaría poder ladrarle?
O si alguien te pregunta qué tal estás, en lugar de un lánguido «bien… supongo» poder soltar un buen ladrido que despeje cualquier otra pregunta.
Vale, físicamente podríamos ladrar, pero igual por lo que sea la gente no se lo tomaría muy a bien. Podríamos acabar con una camisa de fuerza. O en la perrera municipal.
Pero aquí viene la buena noticia. Tienes una herramienta alternativa: una frase impresa en tu camiseta que todos interpreten como un «no te acerques».
Más silencioso, igual de efectivo, y lo mejor de todo: legal.
Una imagen que puedes plasmar en una camiseta, una taza, una bolsa…